EL MÁGICO TRANCE DE LA MÚSICA EN VIVO

Nuestra recorrida de este fin de semana fue variada como siempre, pero más allá de nombres y estilos, una serie de shows intimistas, psicodélicos y melancólicos fue el denominador común. En escenarios bien diversos (un club, un teatro, un auditorio, un café y un estudio), nuestros redactores entraron en trance y se dejaron llevar por esas emociones que sólo la música es capaz de provocar.

VETAMDRE – NICETO CLUB

El pasado jueves, Vetamadre presentó en Niceto Club su último disco de estudio, “No control”, y demostró por qué es una de las bandas referente del rock alternativo independiente local.

Con un frontman, Julio Breshnev, que con su voz y sus movimientos corporales transmite lo que pareciera ser una persona que entra en trance, alguien hipnotizado por el hechizo de la música, y acompañado por una banda a la que no podría quedarle mejor la frase cliché “¡qué ajustados tocan!”Vetamadre logra meterte en un vórtice musical del que uno no quiere salir nunca más.

Su música está marcada por un sonido poderoso y climático, al mejor estilo inglés, con guitarras de estribillos potentes y una batería desproporcionadamente pareja, que encuentra aliados en un órgano que le hace de sostén y un bajo que marca la densidad del ambiente. Sus letras son intensas y sentidas. Juntos, forman una música que te transporta lejos, allá donde no hay límites, donde todo es posible. La progresión de notas que se van develando a lo largo del show hacen de tónico adictivo, que te dejan en un estado alterado de consciencia donde no existe el ayer ni el mañana: sólo el ahora, y ese ahora es de disfrute pleno.

Texto y Fotos: Álvaro G. Montalvo

 ZOÉ – TEATRO VORTERIX

La charla se multiplicaba en la previa en cada rincón del Teatro, y mis oídos chusmas se paraban prestando atención: “¿De dónde eres? Del D.F., estoy aquí estudiando Medicina”; “¿De veras eres de Guadalajara? Mi familia es de allí, y me vine aquí por mis estudios, estoy con amigos de Cuernavaca en un piso aquí cerca”; y así sucesivamente. Aunque todo tomó su respectiva forma al ver una casaca verde loro con el número 4 en la espalda y la leyenda Rafa Márquez. Sí, señores: una parte de México se había mudado al Vorterix, lo que hizo que Zoé jugara de local.

En su primera presentación a  solas con el público argentino, el grupo liderado por León Larregui dio un show a la altura de la expectativa que había por ellos, pero con unas fallas en el sonido que por momentos no dejó apreciar esa mezcla entre intimista, oscura y hasta espacial que hace a las canciones del grupo tan diferentes a las de otras bandas aztecas. El post punk también dijo presente, y los momentos de baile epiléptico no faltaron entre los fans.

Canciones tan esperadas como “Nada”, “Labios rotos” o “Poli love” tuvieron que ser más imaginadas que otra cosa por las deficiencias del audio. Sin Adrián Dargelos (“¿va a venir o no va avenir?”, era la pregunta de los seguidores de Babasónicos que se presentaron en el Teatro) ni Bunbury (era lógico), Zoé demostró por qué la crítica especializada habla tan bien de ellos; y aunque los baches sonoros molestaron mis oídos más de una vez, la música y el ambiente eran lo suficientemente perfectos para detenerme en eso. Final del show, con León nadando entre la gente y finalizando un pucho ajeno en el escenario, y poniéndole un fin sudoroso al asunto.

A la salida, las conversaciones se multiplicaban: “Vámonos a una party con los chicos de Jalisco”“Fue mejor que el show que dieron en Oaxaca la última vez que estaba allí en México”. En mi cabeza, sólo se replicaban las melodías de Zoé y me confundía al buscar  una línea de bondi que  me dejara en Cuernavaca. La neta.

Texto: Nicolás Ludovico / Fotos: Álvaro G. Montalvo

NUBES EN MI CASA – AUDITORIO HOSPITAL ITALIANO

Este viernes 14 de septiembre, en el marco del ciclo “Cosmogonía” en el AMPHI, pudiste haber escuchado una banda que se las trae: Nubes en mi casa. Si te la perdiste, te lo contamos acá.

El AMPHI no es un bar del que no te enteraste, ni una sigla cool de la nueva fiesta de moda: es el Auditorio de la Asociación Mutual de Profesionales del Hospital Italiano. No, no podés pedirte una cerveza ni fumarte un pucho. Pero es amplio, las butacas son cómodas, hay buen sonido y luces. Si de escuchar música se trata, es un buen lugar.

Presentando su nuevo disco, “Me suelto y vuelvo” (editado por Molécula Records este mismo año), la banda se lució con un perfecto ensamble entre sonidos acústicos y eléctricos. Temas como “Postre”, “Cuerpo” y otros de su primer álbum, como “Rebeca” y “Apacible”, formaron parte del repertorio. ¿Favoritos? “Aceleremos” tiene un encanto innegable. Resulta imposible parar de tararearlo. “Los gigantes” -tema originalmente hecho en colaboración con El Robot Bajo el Agua- es otro corte cabalmente logrado.

Nubes en mi casa trae consigo una música pura y simple, que a veces linda lo melancólico. Melodías envolventes, líricas poéticas e imágenes que van de lo vintage a la más pura psicodelia. Una puesta en escena íntima y la voz cálida y naive de Josefina Mac Loughlin hicieron el resto. ¿El resultado? Una suerte de trance. Un recorrido por las nubes, como en mi casa.

Texto: Natalia Suniga / Fotos: Daniela Guevara

 COSMO – CAFÉ VINILO

¿Qué nos ofrece Cosmo? Gigantes, zapatos de tap, cumpleaños felices, amores divertidos, huracanes, mares y carabelas, besos, un montón de besos, 20.000 exactamente, nenas, sueños, genios del mambo, paseos en bicicletas y un montón de imágenes bonitas sacadas de la cabeza de Pablo De Caro.

El sábado, Café Vinilo se llenó de canciones y estribillos pegadizos.  Mesas con velas, chicas coquetas y música alegre.

La sorpresa de la noche fue la presentación de temas “no tan nuevos” (según las propias palabras de Pablo). Parece que los chicos estuvieron componiendo, y prometen buen material para su segundo disco. Mientras tanto, siguen tocando en vivo.

En fin, una bonita noche llena de linda música

Texto: Nahuel Lopez Trelles / Fotos: Javier López Uriburu

JOSÉ GONZÁLEZ – SAMSUNG STUDIO

Se pasó volando. Habrá tocado una hora; pero una hora donde cada minuto fue impecable. Fue un pequeño recorrido de sus álbumes “Veneer”  e “In our nature”. Su colorida y sensible voz es dueña de todas las canciones, con la que transmite una paz y una tranquilidad que pocos cantautores logran. Tiene esa distinguida habilidad como guitarrista para hacer que una sola guitarra parezcan dos -así como lo lograba el gran Nick Drake-. En varias canciones me olvidé de las personas, ya que no se percibían ni los más mínimos ruidos; me sentía en una cueva donde José González cantaba sólo para mí.

Logra armonías tan serenas en la guitarra, que a veces suenan como una lluvia tibia de verano. “Time to send someone away”  y “Stay in the shade” fueron dos de las primeras, siempre acompañado por tres percusionistas que armonizaban las canciones y lo escoltaban con dulces coros. “Cycling trivialities”  llegó para que las notas y la velocidad de sus dedos en la guitarra revuelen en nuestras cabezas y se queden rebotando toda la noche hasta salir del Samsung Studio. “Hand on your heart”, la reversión del viejo tema de Kylie Minogue, definitivamente desgarró corazones: a través de su voz se puede sentir el dolor que relata el tema. “Killing for love”  y “Lovestain”  llenaron la cueva de palmas y felicidad.

Todas las mesas estaban ocupadas y había gente parada en el fondo. González tenía al público embobado, en la palma de sus manos. Con “Down the line”  parecía que todo había acabado; se retiró con los músicos, pero al ratito volvió él solo para cantar “The nest” y sumergirnos a todos en un mar cálido y profundo. Cuando tocó “Heartbeats”, mi noche ya estaba hecha, era lo que había estado esperando desde hacía años. “Teardrop” fue la última antes de que se cierre el telón, con mucha fuerza en sus palabras y en su rasgueo, que parecía que iba a enredar las cuerdas de la guitarra. Se despidió con un “Gracias por haber venido esta noche. Ha sido un placer”. Un hombre simple, talentoso y capaz de transmitir varias emociones al mismo tiempo en sólo una canción. Definitivamente, nos dejó a todos con ganas de más. ¡Ojalá vuelva pronto!

Texto: Agustina Iacoponi / Fotos: Prensa José  Gonzalez

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